Al Otro Lado de la Vida: Tercer Capítulo

Al Otro Lado de la Vida: Tercer Capítulo

Proseguimos en Zombeach con nuestra entrega semanal de Al Otro Lado de la Vida, el primer volumen de la trilogía de zombies escrita por David Villahermosa cuyo segundo volumen, Augurios de Muerte, ya se puede conseguir en Amazon España.

Al otro lado de la vida

3

Cementerio de Sheol

28 de septiembre de 2008

 

Estaba todavía muy asustada, y no se atrevía a alejarse de donde había despertado, en cierto modo le parecía un lugar seguro; incluso sintió ganas de volver a encerrarse ahí dentro, y pasar ahí la noche. Echó un último vistazo alrededor antes de partir, pero el resultado fue el mismo. Todo estaba desierto, cubierto por el denso manto de la niebla, sumido en un silencio helador. Puesto que desconocía cual era el camino a seguir para alcanzar la salida de ese enorme recinto, decidió dirigirse hacia el único punto de referencia del que disponía, creyendo ingenuamente que tal vez al escoger esa dirección, encontrase algún tipo de vida inteligente.

Caminó descalza, sintiendo los pinchazos de las briznas de césped en la planta de los pies, siempre atenta a cualquier movimiento inesperado, tratando de hacer el menor ruido posible. No tardó en incorporarse al camino de tierra que rodeaba zigzagueando todo el terreno. Anduvo con paso firme en dirección a la excavadora, viéndola cada vez más claramente a medida que se acercaba. La mandíbula inferior le comenzó a temblar. Cuanto más cerca estaba, el olor se iba tornando cada vez más evidente, hasta llegar un momento en el que se vio obligada a taparse la nariz con la mano. Enseguida descubrió que era lo que hacía ahí la excavadora.

Al llegar junto a la excavadora, comprobó que estaba vacía. No obstante, tenía las llaves puestas. Se preguntó si podría serle útil, pero ella misma se respondió que no; no sólo no sabría conducirla, sino que además era una máquina cuya velocidad era inferior a la de ella corriendo, de modo que resultaba inútil. Lo que no sabía era que se había quedado sin combustible. Frente a la excavadora se erguía majestuosa una fosa común de tamaño descomunal. Estaba a medio tapar, pues el encargado de taparla, ahora descansaba junto con el resto de cuerpos. Por todos lados asomaban miembros y cuerpos de cientos de personas que habían pasado a mejor vida.

La mayoría de los cuerpos habían empezado a podrirse, y el olor resultaba nauseabundo. Unos estaban mutilados, a medio comer, otros simplemente tenían un orificio en la cabeza, otros balazos repartidos por todo el cuerpo. Pero en lo que coincidían todos era en que estaban muertos… No tardó mucho en darse cuenta que había algo moviéndose ahí dentro. Seguramente alguno de esos infelices había quedado sepultado por otro montón de cuerpos, y luchaba por salir a la superficie, ansioso por empezar a alimentarse. Afortunadamente, todo parecía tranquilo en la superficie. Pero era evidente que ese no era un lugar seguro, y Bárbara creía saber llegar a la entrada principal desde ahí, puesto que veía en la lejanía la silueta del edificio principal.

Dio la espalda al desagradable espectáculo de la fosa y se dirigió hacia el edificio principal. A medio camino se encontró con el cuerpo de una mujer que le cortó el paso. Se trataba de una mujer de su misma edad, de su misma estatura. Pensó que podría haber sido ella misma, y eso le produjo un escalofrío. Llevaba puestas unas deportivas blancas, un pantalón violeta oscuro y una camiseta roja. No mostraba signo alguno de violencia, y parecía totalmente inofensiva, lo cual le dio a Bárbara una idea. Se acercó más al cuerpo para llevar a cabo su plan.

Tenía la cara ligeramente girada, y los ojos, azules, totalmente abiertos, muertos, inexpresivos; no era uno de ellos. No obstante, parecía estar observándola, y apartó la cara para no tener que sufrir esa mirada. Se acercó a sus pies, y se arrodilló, al tiempo que miraba a un lado y a otro. Se repitió una y otra vez que ella ya no los necesitaría, no obstante, le supo mal lo que iba a hacer. Descordó sus bambas, y le quitó los calcetines. Sin dejar de desconfiar de todo cuanto le rodeaba, se las calzó, y se apresuró en levantarse de nuevo.

Ahora podría correr con mayor eficiencia si se diera el caso que eso fuese necesario, aunque ella rezó para que no fuera así. Estaba a punto de irse, cuando echó un último vistazo a esa pobre muchacha, y acabó decidiendo hacerle la faena completa. Respiró hondo, alegrándose de que ella no oliese, y de encontrarse ya bastante lejos de la fosa. Agarró su camiseta por la cintura. El tacto increíblemente frío de su cuerpo le hizo apartar la mano rápidamente, y el cuerpo quedó de lado. La boca de esa joven se abrió y de ella manó un denso y desagradable líquido rojizo, lleno de burbujas de aire que explotaban a medida que iban saliendo. Sintió una nueva arcada, pero esta vez no pudo contenerse y acabó vomitando.

Hacía bastante que ni comía ni bebía, no obstante arrojó mucho más de lo que hubiera podido llegar a pensar. De rodillas en el suelo, con las manos abiertas sobre la tierra, escupió un par de veces, y trató de tranquilizar su respiración. De momento no había nada que temer. Se quitó la camiseta rota que llevaba, quedándose desnuda de cintura para arriba, y, mirando hacia otro lado acabó de quitarle la camiseta a su compañera, tratando de tocarla lo mínimo. Se atavió con ella, dándose cuenta, tarde, de que era una talla muy pequeña, y se levantó de nuevo, sacudiéndose la tierra de sus rodillas.

Poco más de doscientos metros le separaban de la salida, ahora ya parecía que resultaría pan comido. No tuvo tiempo de confiarse, porque fue entonces cuando le vio. Afortunadamente él no se había percatado de su presencia. Era un hombre, más bien un chico joven. Iba con el torso desnudo, y tenía el pecho teñido de rojo, de toda la sangre que le había manado de la boca en alguna de las ocasiones en las que se alimentó. Andaba encorvado, sin rumbo fijo, simplemente dejándose llevar. Bárbara se llevó las manos a la boca, tratando de contenerse, pero ya era tarde. El chico se giró, y posó sus ojos inyectados en sangre en ella.